Subibaja. - 2014 12 30



Mi sentido de la energía tiene subidas y bajadas.
Las subidas son progresivas.
Un día subo un poquito.
Otro día un poquito más.
Subo construyendo un camino de sonrisas y miradas.
Subo haciendo reir, subo estrechando los brazos.
Asciendo a raíz de las cosas que vibran, aquellas con las cuales vibro.
Asciendo y no hay techo. No hay techo porque no hay límite. No hay límite porque "ser" no tiene una medida precisa. 

... Y a veces bajo.
Cuando bajo, lo primero que hago es dejarme caer. Relajar los músculos. Sé que voy a bajar. Tensiono un poco y largo. Aprendo a estar crítico y me desprendo de mi sentido vital. Me dejo morir un poco. Me dejo yacer en un barro que solo se saca dejándolo secar al Sol.

Cuando bajo, el Sol me pega de una forma particular. No es el Sol, claro. Es mi Cuerpo, que yace tendido en el asfalto, riéndose de lo mal que se está sintiendo. "Ya va a pasar", y siempre sé cómo reconstruir el camino, porque algo me conozco.

No soy particularmente dichoso cuando bajo; necesito vivir las cosas con un par de centímetros de soda en el medio. Necesito usar anteojos de sol, necesito usar anteojos para el Sol. Mi mirada se resquebraja y necesito escudarla, protegerla, no mirarla. Que no me miren. 

Y así empiezo el camino de ascenso. Caminando. Dejándome atravesar por las cosas y respondiendo que no puedo, que "hoy no". Así construyo el intento que me proyecta nuevamente hacia un estado de equilibrio placentero.

Hoy bajé, me caí, me morí un ratito. Y está bien. Me recompongo con trozos helados de melón. Subo pensando en el masaje que doy hoy, que es el último del año. Pienso en la alegría y la energía de la que formo parte existiendo en el Mundo y todo empieza, nuevamente, a tomar un color lleno de risas. Y vuelvo.