La trompetita y el trombón. - 2014 12 5



Un camino de hormigas es un paraíso para las personas curiosas.
Es un camino largo y conduce hacia lugares inesperados.
Las hormigas saben encontrar lugares inesperados en los espacios más recónditos.
Se siguen y se suceden. Y construyen. Construyen de a poco, construyen el camino andando, sintiendo por dónde tienen que ir.
Las hormigas construyen el camino y de repente tenés a un par con un par de instrumentos.
Hay varias muchas construyendo el ritmo y, de repente, te salta una con una trompeta.

Una hormiga irreverente pela una trompeta miniatura y te mira fijo. Te mira y te pregunta: "¿¡Cuál hay, men!?" Y se pone a tocar. Y te das cuenta. A los dos segundos te das cuenta que toca bárbaro. Construye una melodía sigilosa rebosante de onda y vibraciones. Camina un camino melódico con la totalidad de las venas. Y está bárbaro ese camino. Hace que el camino que vienen construyendo comience a brillar. Con muchos colores.

Comienza a brillar el camino con muchos colores y de repente salta otra desubicada. Ya la venías fichando porque había ido a trabajar con un bolso alargado. ¿Qué carajo tendrá ahí adentro? Y en el segundo momento que te lo preguntás pela un trombón. ¡Un trombón, men, un trombón! ¿¡Dónde la viste!? Y la hormiga te mira fijo y te dice: "No preguntes por qué. Ya te vas a dar cuenta".
Y es así. Te das cuenta. Te das cuenta porque toca cinco segundos y ya te diste cuenta. Ya te diste cuenta que eso es exactamente lo que pedía ese ritmo de hormigas. Lo que pedía esa trompeta, lo que hace que el camino brille más. Aún más. Y más.

Los caminos con música siempre brillan. Por eso, aunque seamos todos hormigas, siempre saltamos algunos desubicados a ponerle onda al camino. Y al principio puede que las otras hormigas nos miren raro. Pero cuando empiecen a siquiera tratar de conceptualizar todos los por qué, se van a dar cuenta que ya se están moviendo al compás del ritmo melódico.