La resolución conflictiva de la piripitonga. / Tres minutos para cinco minutos. - 2014 12 11



Los problemas de los problemas no se cancelan mutuamente.
Negativo por negativo no es positivo.
Venís con un quilombo y lo multiplicás. Ahora tenés quilombos multiplicados.
Cuando a los quilombos los dejás flotar, en general se enquilomban.
Se enriendan entre sí, se tiran sobre el pasto a tomar mate y se hacen amigos.
Se relacionan y se asocian. Y, sobretodo, se superponen.
Se superponen, se hacen amigos y se ponen de acuerdo para autoinvitarse a tu casa. Todos. Al mismo tiempo. En un mismo día y horario.
Te caen todos juntos y son insostenibles.
Son insostenibles y eso no tiene que ver, honestamente, con la capacidad de tus manos.
Ni siquiera con tu capacidad sináptica.
Te sobrepasa, tiene que ver con algo que está por fuera de vos.



Bueno... dejá. Dejá que todo ese quilombo te sumerja en sí mismo. 
Dejá que toda esa elipsis de bardito bardero colisione en tu conciencia.
Dejala ser porque, si algo es seguro, es que no la vas a poder ahuyentar. 
Ese quilombillo es una nube y es pasajera, pero no se va si la soplás desde el asfalto.
Y la hecatombe la tenés que solucionar recorriendo. Recorriendo cada quilombo. Desenredando. Desconectando y reconectando. Probando. ¿Anda? No, no arranca. No funciona. A ver... No, no agarra. ¡Pero qué cosa, che! Si justo ayer sí. Y hoy no. Y no sé. No sé qué le voy a hacer. ¿Cómo invento una solución a un problema que ni siquiera conozco?

Ser incompetente en las alturas trae aparejadas distintas situaciones que ponen al límite tu capacidad de síntesis. En lo alto de la montaña los vientos, por más leves, corren más fuerte. Y con cada soplido, cada intento de asustar a la nube, corrés el riesgo de caer rodando.