La política de la piripitonga. - 2014 12 4



La piripitonga tiene una política que no es ajena a la forma en que funciona el Mundo.
Si vos me decís que me vas a taladrar la cabeza con palabras que no van hacia algún lugar y yo te clavo el visto, me la tengo que bancar. Me la tengo que bancar como un campeón.
Pero cuando la piripitonga es sigilosa y transfiere su poder político a la ajenidad, empieza la hecatombe.

A mí no me molesta ponerme una gorra del tamaño de una casa. Distinto es entrar a una habitación y que la gorra esté enganchadita en el marco de la puerta, para que cuando yo pase -y entre- caiga la gorrita sobre mi cabeza. Y me convierta -sin siquiera poder pensarlo- en un botón.

Los botones no están mal. Abotonan y te sirven para no tener mucho frío si querés abrigarte con algo que tiene botones. Pero ser botón es una decisión conciente. Una decisión de Alma -y Cuerpo-. Y si bien hay personas que llegaron al Mundo con Alma de Botón, a los que no nos gusta poder tener un mínimo espectro de decisión posible dentro del Mundo del Botón.

"A los que no nos gusta".
No me refiero a las personas que no nos gusta.
Digo que a los que no nos gusta tener Alma de Botón nos gusta poder tener un mínimo de espectro de decisión posible dentro del Mundo del Botón.

¡Qué bajón tener que botonear al lenguaje! Él que es tan bueno y complaciente, que se presta a que uno haga lo que quiera con sus herramientas. Qué se le va a hacer. Hoy soy un botón.