La oscuridad del Universo. - 2014 12 27



Me estoy relamiendo con astucia los proverbios chinos que vas a tener que meterte en el orto.

El Mundo está girando porque hay fuerzas que lo hacen girar. No tiene voluntad y no tiene nombre. ¡Como el Tao! Que tiene nombre pero no es El Nombre. Uh uh.

El Mundo tiene un nombre que es característico de nuestro Mundo. Su nombre está dicho en nuestro Mundo y es inescapable.
Su forma de estar preso en este Mundo le brinda un halo de distanciamiento con la realidad que está bordeado por una sombra oscura. Tan oscura que cuesta mirarla sin entender que ahí hay algo.

El espacio entre las letras tiene un borde que a veces te hincha un poco las pelotas. En cada distancia entre cada letra que escribo cabe la posibilidad de abrirse -fractura en el piso lingüístico mediante-  un agujero inabarcable que comenzaría a esquivarle la mirada a todas las palabras.

Jugar a las escondidas puede ser, un poco (¡un poco!) como estar tocando el bajo. Hay algo que ves ahí, está de fondo y -si concentrás suficientemente la atención y percepción auditiva- podés divisarlo y encontrarle, también, el borde. El borde que surca el espacio entre nota y nota. Entre compás y compás. Entre canción y canción. Entre banda y banda. Entre hora y hora. Entre día y día. Y así.

Los bordes en el Universo están destinados a hacerse cada día más gruesos. A menos que les pongas una cucharadita de té de azúcar blanca y una cucharada sopera de sal fina (o, a lo sumo, entrefina). 

La oscuridad en el Tiempo es una especie de lugar formado por dichos bordes. No se puede tocar porque no existe, pero se cierne sobre nuestras conciencias cada vez que damos media vuelta en la vida asumiendo la seguridad de ubicarnos en un espacio seguro.