La necesidad de amor de la piripitonga. - 2014 12 17



La piripitonga es una herramienta que a veces necesita cariño.
Vos sabés; cariño en forma de cosas que tienen que ver con realzar los sentidos del gusto, del olfato: realzar la capacidad de recibir y dar cosas. Y, sobretodo, realzar la alzada de la calzada, porque ahí viene un colectivo y no sabés si le andan los frenos.
La piripitonga muchas veces va por la vida sin usar frenos.
Los frenos interesan porque son un mecanismo de regulación automática en sentido que le ponen un parate a tu conciencia. 
"Eso no se dice". 

Cruzar la línea es como subirse a la vereda en dos o más de cuatro ruedas: es un paso riesgoso y casi que puede ir en contra de las leyes. Hay una peculiaridad: podés estacionar tu bicicleta y tu moto y hasta tu auto en la vereda -a menos que haya un cartel contraindicándolo-. 
¿Entonces?
¿En qué quedamos, se puede o no se puede?

La respuesta no es simple -oh, vaya sorpresa-. La idea es que no podés manejar arriba de la vereda pero, curiosamente, podés estar arriba de la misma. ¿Cómo llegás a estar arriba de la vereda sin estar manejando?

Quizás la idea es fomentar el ejercicio físico. Te bajás del auto y lo empujás cuesta arriba por el cordón. ¿Qué se yo? Le decís que se mueva. Le pegás patadas en el culo. Lo asustás. Le metés una cañita voladora entre las piernas.

La piripitonga necesita amor y también necesita soluciones. Soluciones que, a veces, vienen en forma de martillazos.