( )ipism. - 2014 12 8

Con las normas sociales uno puede hacer un par de cosas.
Puede respetarlas, puede no respetarlas, puede ir en contra de ellas y, finalmente, puede ignorarlas por completo.
¿Qué es jugar un juego?
Jugar un juego es hacer algo que tiene que ver con la lógica de las reglas de dicho juego.

El juego dice "avanzar tes casilleros".
Si yo avanzo tres casilleros, respeto la regla.
Si yo avanzo seis casilleros, no respeto la regla.
Si yo digo que en realidad hay que avanzar diez, voy en contra de la regla.
Si me pongo a dar vueltas en círculos en el casillero, con un pie fuera del tablero y de repente doy un salto, ignoro la regla.

¿Pero qué es jugar un juego?
Es ordenarse bajo algo que está definido por su parámetro de pertenencia y asimismo por su parámetro de exclusión.
Hacer algo relativo a la lógica del casillero es estar jugando el juego.
Hacer de cuenta que el casillero no es algo específico es salirse de la dinámica y lógica del juego, en tanto que hago de cuenta que el juego no existe y hago lo que se me canta el culo.

Es que, hablando sinceramente, el juego no existe. No es. Está fenomenizado bajo una norma que es tan perfecta como ridícula. Como mínimo está bueno tratar de ponernos de acuerdo en no andar matándonos por ahí pero -más allá de eso, que también es discutible- nada está dicho. 

Nada está dicho y, por supuesto, a las instituciones y a los entes no les gusta que "nada esté dicho". Por eso crean juegos que tienen reglas más o menos difíciles de cumplir y las revolean sin anestesia en la realidad. 
A mí no me gusta vivir con anestesia.
Menos que menos me gusta jugar a un juego que no decidí jugar.