Dieciséis minutos para decir nada. - 2014 12 10



Las cosas en el Mundo son palpables porque no les queda otra.
Están ahí, surcando el terreno de lo experimentable.
Los árboles son experimentales. Las plantas son experimentales.
Viven probando opciones. Crecen y se fijan por dónde les es más cómoda la existencia.
Y designan su fuerza, toda su energía en recorrer esos caminos con gracia. En ir por donde el Sol les comenta que es más apetecible. Y van.

Los animales son experimentales. Somos experimentales.
Tenemos la opción de guiarnos por las fuerzas y elementos naturales para conseguir algún tipo de rítmica existencial. No sabemos a dónde vamos -¡los árboles tampoco! Solo saben que van "hacia arriba"- pero, sea a donde sea que vayamos, podemos ir con gracia. En gracia con las cosas del Mundo. En gracia con las fuerzas naturales que nos llevan hacia tal o cual lugar.

El Sol te está enquilombando los sobacos. ¿Qué le vas a hacer? El Sol está así hoy y mañana llueve. Y hoy te cagás de calor y mañana de frío. ¿Qué mejor que acompañar al Mundo en su nacimiento y destrucción total?

Somos esta porción irresistible de inadaptados que, con el crecimiento como raza, se hicieron adictos a pensar que el Mundo es otra cosa. Que no es el pasto que crece sin tolerancia a las rodillas y que la lluvia no tiene algo que ver con nuestra angustia. Que los animales que se matan entre sí no son fruto de nuestros deseos culpógenos de querer acunar nuestros egos para poder bardear la vida luego por amor a la comodidad.

...

Hoy voy a ser más árbol.