Vibrafón. - 2014 11 15



Dejemos rebotar la pelota hacia el piso.
Hacia el suelo.
Hacia la Tierra.
Dejemos que la cosa decaiga, que baje su ritmo.
Dejemos que los párpados comiencen a entrecerrarse.
Dejemos que la vida muera.
Que los animales nos comamos entre sí.
Que las plantas mueran sofocadas de agua o calor.
Dejemos que se acaben los recursos naturales y que la Tierra se convierta lentamente en un lugar incómodo para nuestra raza.
Dejemos que el Mundo exista hacia su eterno fin constante y achique cada vez más los bordes de la posibilidad de tener una vida plena y saludable. Como mínimo, ecológica.
Dejemos todo eso.
Dejemos que las personas se puteen. Dejemos que nos puteen. Dejá que te puteen. ¡Imbécil! Dejá que te puteen, la puta que te parió.
Dejá que el Viento te arremoline. Que el acolchado se prenda fuego.
Dejá que el despertador suene hasta que se le termine la batería.
Dejá que el auto contamine innecesariamente hasta quedarse sin nafta.
Dejá que los músicos toquen hasta morirse ahogados por
falta de aire.
Dejemos que los músicos toquen hacia la Muerte.
Dejá que tus músculos se estiren hacia lo indecible. Hacia una tensión electrizante.
Dejá que la chivita no quiera salir "de ahí".
Dejá que la banda se vaya sin pedir un bis.
Dejá que el inodoro quede perdiendo.
Dejá que se te tuerzan los dientes.
Dejá el perfume, que es tan lindo como innecesario.
Dejá los "ismos" y los "hay". Dejá los "se" y los "lo".
Dejá algo. Dejá todo. Todo. Dejá Todo.
Dejá de dejar. Dejá el intento. Dejá tu Alma. Dejá tu ego. Dejalos tranquilos.
Dejá que la vida exista sin tus palabras.
Dejá.