/KON-mi-ë-go/ - 2014 11 9

Hacete amiga.
Hacete amigo.
Hace té, amigo.
Hace té, a mi ego.

Hacele un té a mi ego y hagámonos amigos entre nuestros egos.
Hacete un té e invitame a ser, también, ese "te" en tu té. Te té, hagamos de cuenta que "té" es un verbo. Te té. Teémos. Tenemos. Té, nemos. Té, nomos. 

El té y la ley no tienen mucho que ver salvo por la particularidad del tiempo. Al té lo podés dejar ser y también le podés cronometrar su maratón osmótica en el océano vibrante de calor.

Hagámonos amigos de nuestros egos. Seamos un poco monos, sin necesidad de nomos, quizás alguna que otra para el té que teéa. El té está ahí y va a permanecer así un rato más. Y quizás le pinta el nomos y decide que "hasta acá estamos" y ya no hay necesidad ni interés.

Interés.
In té, res. 
Ni siquiera lo voy a intentar. (Sustancia).

El té es una de esas cosas de la vida que te invita automáticamente a vivir más lento. Y más lento es mejor. Por lo menos a veces. Por lo menos las veces en que tenés tiempo para disfrutar el paisaje. O para mirar al techo. O para quedarte dormido en un sillón sin necesidad de saber dónde está ese tiempo. Porque no está, porque no es, al menos por cinco minutos. Al menos mientras se prepara el té.

Al menos.
Al manos.
Alma, nos.
Nuestras Almas.