La transferencia. - 2014 10 1



Ves una mirada y conectás. Hay algo. Hubo algo. Hay algo que te hace decir que sí.

Sí.

Quizás le sonreís. Quizás le llorás. Quizás abrazás. Quizás 'quizaseás'.
Es algo tan frágil y tan incólumne. ¡Y tan flexible! Se puede construir. Se puede fabricar. Se puede edificar. Se puede evocar. No se puede equivocar. Se puede invocar. Se puede revertir. Se puede contraer. Se puede guardar en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero. 

Hagamos de cuenta que las distancias no existen. Que el punto de encuentro entre los seres de este Mundo no es otra cosa que un diagrama donde, cada día, hay posibilidad de "ser". Que cada ser tiene posibilidad de "ser" en cualquier momento con otro ser. Es eso y es también otra cosa.

¿Qué y cómo somos en este Mundo? En el mundo pero en el Mundo. Donde uno es a través del espacio y tiempo. El tiempo. El espacio. Dejemos a este último de lado. Dejemos el espacio de lado y concentrémonos en el tiempo y la manera indiscutible que tenemos de vivir en el Mundo, que es a través del Cuerpo. Así, sí, con mayúscula, porque el Cuerpo es un ente dentro del Mundo de las cosas mismas. Es algo que sucede, fenomeniza, existe, actúa como herramienta "para vivir la vida".

Olvidémonos del espacio y nos queda el tiempo. Y el Cuerpo. Yo me atrevo a formular que:
tiempo + Cuerpo = memoria.
Es que es así. No seamos zonzos. El cuerpo tiene algo. Y no está localizado exclusiva ni precisamente en nuestro centro neuronal, si bien el mismo actúa como catalizador y "Oficina de atención al cliente".
Vivimos y construímos algo que decanta y hace estallar las sensaciones de Mundo que construímos a medida que vivimos e interpretamos al susodicho.
Y esas formas que creamos, esos brillos en donde reparamos, son tan plásticos como reversibles. Son tan incautos, tan incareteables, tan prolíficos. Y sin embargo no son de producción masiva. Son espontáneos, son un fuego que siempre estuvo, se aviva y nunca se apaga.

La forma más genuina que tenemos de relacionarnos como seres es a través de la historia que compartimos en este Mundo (y todos los demás). Dejar que eso exista y el espacio, que sirve como excusa, como pretexto, haga el resto.
Dejar que el nagual actúe. Que el inconciente evoque. Que nuestros chakras se alineen y vibren en conjunción con los de cada quien. 
Y sucede. De repente, sucede.
Es un momento mágico, espontáneo e intercambiable.
Es la intercambiabilidad por antonomasia. 
Lo que sucede cuando cada ser vivo existe con otro. 
Es un cuarto de tu casa al cual siempre estamos invitados.
Es algo que sucede entre todos y nos hace ver que somos Cuerpos activos en esta esfera magnética llamada Mundo de los Seres.