El hambre. - 2014 10 17

Es muy complicado escribir sobre el hambre.
Es muy complicado. 
Yo estoy acá, sentado, en la comodidad de mi silla. Tengo puesta una campera que compré a cincuenta pesos en el 2001. Una campera horrible pero que funciona como campera. Tengo puestos unos pantalones que compré a cuarenta pesos en el 2009 en Once. Tengo puestos unos boxer que compré a treinta pesos, no recuerdo ya dónde. Tengo una musculosa beige que compré hace más de cinco años a treinta pesos en un local cerca de mi casa. Tengo ropa.

Es complicado hablar y escribir sobre el hambre.
Estoy sentado en la comodidad de mi silla. Escribiendo. Tengo dos manos. Sé escribir. Sé leer. Tengo un monitor enfrente. Lo compré con mi plata. El monitor está sobre un escritorio, que compré con mi plata. En el escritorio hay una planta, que compré con mi plata. Hay una taza con café y no es un café barato (y lo compré con mi plata). Hay unos parlantes para nada baratos. Suena música que escuchan las personas que nunca pasan hambre. Estoy rodeado.

Estoy rodeado de cosas que me hacen sentir un ingenuo para hablar y escribir sobre el hambre. 
Todo mi basamento material me brinda una sensación y estado de, ante todo, placidez. 
¿Quiero comer algo? Voy a la heladera, abro la puerta. Algo va a haber. ¿No hay? Abro la alacena, algo va a haber. ¿No hay? Voy al condecucho. ¿No hay? Agarro mi billetera, confirmo que siempre va a haber algo de plata, voy y compro. Lo que quiera. No, lo que quiera no... pero lo que quiera. Voy y compro.

"Hambre" no es "voy y compro". Eso de seguro. Hambre es otra cosa.
Ayer por segunda vez en la vida sentí algo que puede llegar a aproximarse a la sensación de hambre. Había comido solo a la mañana, mi cuerpo se había predispuesto a recibir comida a tal hora, la comida estuvo bastante más tarde y mi cuerpo pidió el libro de quejas. Me empezó a doler la panza del hambre que tenía. Y, así y todo, eso no es exactamente hambre.

¿Por qué?

La primera y otra vez que sentí hambre en mi vida... bueno, ahí podría decirse que fue hambre. No recuerdo bien el momento, ni el tiempo ni el lugar, pero recuerdo exactamente lo que me hizo decir: "Ajá. O sea que esto es verdaderamente lo que se siente tener hambre". Sentí dolor. Sentí dolor en el cuerpo. La panza estaba tirando manotazos adentro mío para tratar de agarrar lo que fuere, lo que estuviera al alcance. Sentí el dolor genuino de no poder hacer otra cosa que concentrarme en la sensación de hambre.

El hambre no te deja pensar. El hambre le dice a tu existencia que todo lo que importa, en ese momento, es la comida. Por eso las instituciones, las personas que se dedican a trabajar con el pensamiento -las que realmente lo hacen por amor a las personas-, siempre dicen que no podés pretender trabajar algo sobre el pensar con una persona que no puede pensar porque se está cagando de hambre.

El hambre no te deja pensar. No te deja hacer otra cosa que sentir el dolor que estalla en tu Cuerpo por no estar recibiendo alimento. 

El hambre no te deja sentir otra cosa.
No te deja pensar.
No te deja ver.
No te deja razonar.
No te deja discernir.
No te deja hacer otra cosa que sentir la necesidad de estar comiendo.

...

Escribir sobre el hambre es un proceso engañoso. Yo estoy acá; de vuelta, yo estoy acá. No sé genuinamente lo que es el hambre. En esa primera vez no tenía opción y me la tuve que bancar. Ahí entendí algo, pero algo, algo nimio. Ayer podría haber agarrado la billetera y solucionarlo en un pase de billetes rápido. Decidí esperar. Algo en mí me pidió ser respetuoso con los tiempos de los demás (había pedido comida a domicilio y estaba tardando). Algo de mí me dijo "che, bancátela, no seas gil. No seas un manija. La comida va a llegar y en todo caso comerás un poco más que de costumbre".

Pero no fue hambre. Claro. No fue hambre genuina. Hambre es otra cosa.
Hambre es tener nada y no poder pensar del dolor.
Es difícil escribir sobre el hambre. Por eso digo que es difícil escribir sobre el hambre. Escribo una cosa y es "sí, bueno, pero eso no es realmente el hambre". Es muy difícil acariciarlo con palabras porque duele mucho. También es una toma de conciencia. Sí, obviamente mi escrito tiene que ver con levantar un poquito la mirada. Con mirar alrededor y entender, como mínimo tratar de comprender las situaciones de hambre. No estoy hablando de personas pidiendo plata en la calle. Estoy hablando de la transmisión de la sensación de hambre. De las miradas de hambre y dolor. No sé. Tirar editorial ni empedo. Es hablar de eso, en este lugar donde no puedo hacer más que escribir sobre eso. Luego, en la realidad, será cuestión de hechos. Acá necesité escribir.