Cinco minutos para sentirme Minujín. - 2014 10 14

¿Qué es escribir cuando tenés un gato sentado a upa?
El gato no se mueve. La pelota no se mancha.
El gato hace miau. La pelota se hincha, se infla y, a veces, también se rompe.

Escribir con este gato a upa es medio tedioso. Al guacho le gusta sentarse de forma tal que debo levantar el brazo derecho por encima de su cuello para alcanzar el teclado.

Y me hace equivocar. Como recien, que apreté F11 y F12 al mismo tiempo en el teclado y se me abrió la consola del Chrome en Pantalla Completa.

¡TEO!

Se bajó. No le dije algo y se bajó solo. Para mí se dio cuenta.
¿Será que mi gato sabe leer?
A lo mejor le tiré rayitos. Pero no creo, yo a mi gato nunca le tiro rayitos. Le hablo con melodías y tonos y, en todo caso, si veo que la cosa no avanza, pinta la agarrada y mudanza esporádica y concreta de existencia. A otra cosa. Yórdevól.

Teo se fue. Seguramente se fue a su baño biológico.
¿Sabés lo placentero que es que tu gato cague siempre a veinte centímetros de la caja? Es como que te está diciendo "mirá, men, yo sé que esto está acá para mí. Lo entiendo perfectamente. De hecho, lo que voy a hacer ahora tiene mucho que ver con la existencia de este objeto próximo a mí. Lo que voy a hacer ahora es casi poético, tenés que entenderlo de manera artística, men. Lo que voy a hacer ahora tiene que ver con ponerme a cuestionar los parámetros de aceptabilidad de la norma social de convivencia."

>FLEUR DE GARC<

...

Y fueron cinco, nomás.