MONDOGARQ. - 2014 9 26



Escribir en un teclado apoyado en una superficie de madera que rebota levemente cuando apretás en cada letra.
Estar sentado al lado de una ventana con las cortinas abiertas y que las mismas estén abiertas por detrás del paneo visual que lográs con el rabillo de tus ojos.
No sabés; no sabés qué onda, no sabés, hay algo que te desacomoda.

Usar auriculares y que los mismos no se ajusten específicamente a la forma de tu cabeza. No, quedan un poquito desajustados. Solo un poquito, lo suficiente como para que, cada vez que movés la cabeza, se te corran apenitas y el sonido de la música que escuchás se pierda levemente en el aire, en lugar de ser inyectado precisamente bien adentro de tu oído.

Hay cosas del Mundo que podés cambiar.
Para todo lo demás está MONDOGARQ.

Pensás que te va a seducir y te va a GARQ.
Contás el vuelto que te da la empleada del súper y te iba a GARQ.
La dueña del departamento que vas a alquilar te hace una sonrisita y te das cuenta que es re GARQ.

Hay muchos modos de ser GARQ. Uno de ellos es ir a un pedazo de pasto e irte dejando tirados los envoltorios y envases de las cosas que consumiste.
Otro es mear en plena luz del día enfrente de un grupo de extraños cuando tenés un bar en la esquina al cual podés ir a pedir permiso para ir al baño.
Otro es ser el dueño de un bar en una esquina que no cumple la responsabilidad de adueñar un baño que, por más que sea privado, es también público.
Otro son los pendejos y pendejas insolentes. Esos nenes y nenas que te dan ganas de probar cuánto podés ahorcar a alguien sin que se muera asfixiado. Digo, así no te comés una denuncia demasiado contundente. 

Oficial, ¡no fui yo! Esa nena que usted ve ella la ahorcó. >señala a la madre de la nena, que está desquiciada en lágrimas, desesperación e ira<

Oficial, tenga piedad. Sepa comprender que en mis actos no hubo intención de maldad. >el oficial procede a insertar su macana en el hueco de mi ojo derecho, insertando el mismo hacia adentro del cráneo hasta que toca el cerebro. En ese momento me doy cuenta que tengo sed<

Las pendejadas de la vida de los GARQ son concomitantes con la buena vibra.
Por eso, cada vez que ves a alguien bien hijo de puta le sonreís y le agradecés por existir.
Casi que te está haciendo un favor.
Te está mostrando y enseñando cómo no tenés que vivir la vida.