Diez minutos para contar hacia atrás. - 2014 9 4

Diez minutos para hacer nada.
Dilatar las pupilas puede ser un ejercicio de elongación de la vista.
Ahora entra un poquito más de luz. Ahora menos. Ahora entran haces difuminados por un halo rosa. 

Ahora sale luz.

¿Cómo puedo entender el efecto del paso del tiempo sobre las cosas? 
Hay algo, una fuerza natural llamada Viento, que no pregunta.
No pregunta para abrir ni cerrar puertas ni ventanas. Entra, no le interesa, se mete, entromete, se escabulle, cuchichea, se fija qué onda; sopla, bardea, da escalofríos, vuela peluquines.

Hace muchos años escribí algo sobre el número nueve. El nueve es, para mí, el número perfecto. Aún siendo mi número perfecto el tres. El nueve tiene algo, que es la belleza por la incompletud. La aceptación de la falta. Es querer, poder y conocer las propias limitaciones. Es la no idealización pero el premio por el esfuerzo. Es entender que el vacío es inabarcable. Que a las respuestas que formulamos para responder las preguntas que nos formulamos se las lleva el viento.

Ocho y medio. ¿Y si cortamos el ocho por la mitad? ¿Qué es un infinito que en realidad termina en alguna parte? ¿Cómo me explico la culminación del tiempo en un cerrar de un solo ojo?

Ocho y un cuarto. ¿Y si agarramos una letra 'o' y la cortamos por la mitad? ¿Qué pasa? ¿Se le cae algo a la 'o'? ¿Está rellena con algo? ¿Tiene dulce de leche? ¿Está espolvoreada con azúcar impalpable?

El ocho es un infinito. Es el infinito verticalizado. ¿Cómo sería tomar prestada una cantidad de lo Real y girarla noventa grados? Sobretodo teniendo en cuenta que lo Real desafía completamente las leyes de la física.

Siete es un pato. No sé. Es un pato. Dale, no jodan. Miren un número siete a la cara y fíjense si, ahí, en alguna parte, por algún lugar, no hay una especie de pato. La parte de arriba. Esa línea amesetada que surca recta el camino. Un pico. Un pico de loro. Un pico de pato. Un beso corto y aniñado.

Seis es el colectivo sesenta, pero ese exacto ramal que tarda mucho más que los demás y del cual no circulan tantas unidades. Es el bondi que puteás porque "siempre vienen los otros pero este gil no aparece". 

Cinco y medio. Cinco y medio es un sánguche de salame y queso. 

...

Mmmmmmm... salame y queso.

El cuatro también es un pato. Pero es un pato que o bien está cruzando una pata o bien tiene el pico bien definido. A lo mejor se tragó un pez. De esos peces que no miran al cielo.

Tres es mi número preferido. Tiene algo que es indescifrable. Cuando pensabas que eran dos... no; mirá, hay uno más. Tres es decir que siempre hay uno más. Que las dicotomías no existen. Que hay que hacer saltar el tablero. Que la locura puede estar aún más loca. Que siempre hay lugarcito para otra empanada, otra porción de pizza. Y si viene con fainá, mejor.

Dos es el final de una historia. ¿Por qué? Porque muchas historias terminan de a dos. Porque muchas historias de vida terminan de a dos. Porque muchas historias de vida que terminan de a dos terminan cuando una de las historias que forma la historia que termina de a dos, termina. De a dos. Dados. Tirar un dado y esperar que salga un pato.

Uno es Dios. Sí, no creo en Dios. Pero uno es el más allá. Lo imperdonable. El caparazón que protege a la tierra de las cosas que no le competen. La atmósfera. Con agujeros, quilombo, fuego y estrellas. Es el enigma de la vida, porque aparentemente todo empezó de Uno. 

...

Bueno.

...

Sí, ya sé.

...

Ahora están esperando que hable del cero.