Diez minutos para bailar. - 2014 9 9

¿Qué es el movimiento?

Hay algo en la música que invita a acompañarla de manera íntegra. A hacerse uno con ella.
Hay algo de la experiencia musical que nos define como personas. La música que escuchamos y cómo la escuchamos, o qué hacemos mientras la escuchamos.

La música que nos acompaña en el día a día y en los momentos que elegimos. Esos momentos especiales, donde necesitamos plasmar 'eso' 'ahí', en ese lugar tan misterioso que es el silencio.

Música es hablarle al silencio.

Bailar es hablarle al espacio.

Música es incorporar algo al vacío, a la nada. Pero no es completarla; no. Primero, porque la música se vale del silencio para existir y no existe música sin silencio. Y segundo porque la música es una experiencia humana y las personas no podemos dominar la nada. Ni deberíamos intentarlo.

Bailar es hablarle al espacio con el cuerpo.
Es dibujar una línea que se dibuja a sí misma con las manos, con los pies, con la cintura, con la cabeza, con el abdómen, con las piernas, con la mirada.

Bailar es dibujar el espacio con el cuerpo, trazar un recorrido poético, existencial, desprovisto de historia y de tiempo. Es bailar ahí, acá, allá, en tal o cual momento.

El baile se provee del movimiento como nosotros nos proveemos de nuestro cuerpo y nuestro cuerpo se desdeña de nuestro ego en el baile. Nos desintegramos, dejamos la conciencia en segundo plano, existimos de manera anacrónica e inusitada. Espontáneos, con ademanes que van y vuelven pero sin libretos.

... Y el viento. El viento que siempre acompaña (y, en lo particular, siempre me acompaña).
El viento es algo de lo que creamos con el cuerpo y nuestros movimientos.

Bailar es hablarle al espacio con el cuerpo creando viento.

...

¡Ja! Usé los diez.