Ahí voy (Sonrisas sin escalas). - 2014 9 17



Alguien por la calle va hablando solo. Va hablando solo y no va hablando solo.
¿A quién le hablan las personas que hablan solas no hablando solas?
Hablar es una locución ante todo interna. ¿Dónde reside el eco de la voz en nuestro interior? ¿Cómo recorre nuestro cuerpo? ¿Qué pasa con las personas a quienes no les gusta su voz? ¿Qué pasa con las que sí?

Alguien por la calle va hablando solo. Va hablando solo y no va hablando solo.
Quizás se despertó de buen humor. Quizás se despertó solo y no se despierta solo. Quizás nunca despierta solo, aunque siempre o a veces despierte solo. Quizás el amanecer es parte y compañero de su despertar. Despertar puede ser un amanecer compartido entre un alma y el Sol.  
Quizás me pongo los anteojos. Ya sé, me quedan grandes y no me importa. El Sol siempre es un buen compañero. No hace preguntas. No le interesa. Está, existe, irradia, comparte siempre, aún sabiendo que cada vez que comparte se pone más viejo. Comparte precisamente para envejecer, que no es otra cosa que vivir. Morir no es otra cosa que estar naciendo.

Morir no es otra cosa que estar naciendo. Una planta floral, estrepitosa, centrada en el medio de tu jardín. Una planta cuyo momento de floración llegó a la cúspide. Una flor es también una sonrisa. Una forma transitoria de la planta de contarnos que está feliz. Y está feliz porque culmina una etapa. Una forma de morir y volver a nacer. Un obsequio generado por quien le brinda la posibilidad de obsequiar. Una flor, que no es otra cosa que un estallido de textura, aroma y color en el Mundo de las sensaciones. 

¡Uy, mirá! ¡Una flor! ¡Pero mirá qué linda flor que estoy mirando! Se ve radiante ¡y apetitosa! ¿Podré procurarme los medios para llegar hacia ella? ¡Ah! ¡Pero claro, me olvidaba qué soy! Me olvidaba que mis alas corren más rápidas que el viento. Que soy un pequeño diablillo santo. Que me gusta el coliflor porque rima con flor y colibrí. Y eso me hace reír. Allá voy, a la flor.

Allá voy a la flor. A esa flor. Y me encuentro. Me encuentro algo antes. Algo inesperado, pego un tropezón. Alguien me mira serio, pienso que me va a asistir a levantarme y no. Me saca la lengua. El muy pícaro me saca la lengua. Es un nene sonriendo en el cuerpo de un viejito. Son dos; me miran. Sonríen porque encuentran belleza en transfigurar su niñez hacia el momento tan ridículo de pegar un tropezón. Tan ridículo y tan cómico. Los miro, sonrío porque nunca "se deja de ser" algo. Por más que le pongamos un título de "algo que ya fue". Algo que no es otra cosa que una coincidencia de existencias en esta cuadrícula misteriosa que es el Mundo ciudadano me devuelve la mirada y la dejo ir. Se va en bici. 

Se va en bici. ¿Y yo a dónde iba? A la flor. Y me tropiezo de vuelta. ¿¡A dónde iba!? ¡Uy, mirá qué linda esa flor! ¡Vamos a la flor! Ahí está mi flor. Voy abierto de brazos y corriendo hacia ella. Es mi flor aunque no me pertenezca. Es mi flor aunque sea una flor en la Tierra. Es una flor y es alguien querido, porque es alguien. 

¿Y yo a dónde iba? Se me nubla la conciencia brotada de hermosos recuerdos. Mi padre. Su sabiduría. Su mirada y esos momentos y silencios donde prefiere comprender a discutir. Y comprender no es necesariamente comprender. Es respetar, es dar espacio al silencio. 

¿A dónde iba? El Sol ya no está, se hizo de noche. Todo lo que veo es un redondel blanco y poroso entrometido en un mar de luces. ¿Se puede abrazar a la Luna? 

¿Se puede abrazar a la Luna?

...

¿Y si dejo de preguntarme cosas con palabras y me las pregunto con un abrazo? ¿Con una mirada? Voy a dejar de escribir. Voy a largar el teclado y voy a salir a abrazar con la mirada y sonreír. Estoy. Ya voy. Me calzo el traje de Spiderman y voy. Practico mi paso de paloma y voy. Ahí voy. Me río de mi risa y voy.

(Ahí voy(