Vivir es un misterio. - 2014 8 5

Una vez me asomé a un número cero que vi por la vida.
Estaba como... ahí, tiradito, arrinconado en alguna esquina de la vida y yo iba... ahí, tiradito, arrinconándome no sé bien dónde. Y me asomé.

Los ceros tienen una particularidad y es que el borde por el cual te asomás es negro y grueso. También es plástico y hasta un poco elástico. Está hecho de una especie de mezcla entre tinta negra y chicle, pero sin la parte pegajosa. Y como no tiene pegote, si te asomás demasiado y te caés adentro... bueno, digamos que tardás. Tardás en volver. Tardás. Te tomás tu tiempo.

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Tardás.

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El tiempo adentro de un cero es una cosa inigualable. Es bastante flexible, me parece que se toma el laburo de elongar todas las mañanas haciendo alguna de esas huevadas de tirarle un guachíiiiiiin al Sol cuando sale. Cuestión que es estar sentado en una silla que te queda 3cm incómoda.

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Los ceros son invisibles pero si querés los ves. Yo me asomé y me caí. Tardé, tardé, tardé. Para salir me tuve que desarmar. Agarré "desarmar" y empecé a desarmarla. "Des", vos te me vas para un lado, quedate por ahí. "Armar", vos vení para acá. A ver... vení, quedate un toque quieta. A ver a ver... mmm... esta "r". ¿Te jode si te saco un toque la "r"? Creo que ahí va mejor. Ya podemos empezar a armar. Uy, no, pará, la habíamos sacado. ¿¡Cómo era amar!? ... Ah, claro. Está bien, qué se yo. Armar es amar. Amar es armar. Algo.

Vivir es un misterio. Si agarrás la "v" mayúscula de "Vivir", la das vuelta y le construís una calle más o menos a la mitad de la altura, te queda una "A"; una letra con la que se pueden hacer muchas, muchas cosas.