Los duendes. - 2014 8 26

En una parte de mi casa vive una comunidad de duendes.
Es abajo de una de las escaleras, en un sucucho abajo del "condecucho".
Tienen una puertita con la punta triangular.
La punta triangular obviamente es para que cuando pasen, sus gorros cónicos de duende lo hagan en forma sutil.

A los duendes les interesa el espacio cuando está oscuro.
Durante el día la quedan en su guarida. Sé que tienen contacto con la comunidad de los topos. De hecho en dicha guarida tienen una compuerta en el piso, una compuerta de madera que no tiene traba y es un pasadizo al mundo topo. Los topos y los duendes se llevan lo más bien. De hecho, alguna que otra vez habré tenido el destello, de reojo, de ver un hocico de topo asomando por la puertita. Parece que le estaba soplando a un duende que hurgaba en mi heladera, que se proveía de insumos para hacer un guisito rico.

Los duendes son particulares. Son seres que viven a la par de las sombras que uno genera. Tienen un temperamento noble, no incitan a la violencia, nunca agreden y tampoco les gusta dar malas sorpresas. 
Por eso, cada vez que alguien conoce mi casa, yo le cuento: "ah, esa puertita comunica con los duendes. No, tranqui, son duendes, los duendes son buenos y la realidad es que suelen activar cuando uno no está. Aunque sí, obvio, alguna vez me habré topado de reojo con alguno y calculo que me habrá visto. Y quedó ahí. Ellos hacen la suya, nosotros la nuestra, mi casa les cedió ese espacio y viven una vida muy amena."

Hubo un tiempo que Teo, mi gato, les hizo visitas frecuentes. Abría con la patita la puerta (de punta triangular), se metía y escalaba los montes duendísticos en busca de un aposento ideal para recargar sus energías. Creo que es uno de los indicios que me pone en la línea de pensar que los duendes son buenos. Teo los fue a visitar en un momento donde necesitaba "una mano" y parece que le hizo bien. Al menos volvió sano y salvo. Y cada tanto, me mira con una expresión facial reconocible. No es de gato. Es algo más. Algún día voy a llegar y me lo voy a encontrar sentado en una silla, tomando un té calentito con un bonete en la cabeza.