Los porteños somos una mierda. - 2013 1 6

Los porteños somos una mierda. Me detengo simplemente en el escenario urbano cotidiano, en la calle.
Los transeúntes pensamos que somos reyes caminando por la aflombra roja y todos deben hacerse a nuestro paso. Creemos que podemos interrumpir cualquier interacción social para preguntar o solicitar lo que se nos cante el culo.
Los taxistas y los colectiveros se las saben todas. Tienen el culo pegado 10 o 12 horas arriba de una lata con cuatro ruedas y de repente conocen el mundo. A los taxistas les das media lata y a los 5 minutos ya te contaron cómo creen que tienen la posta. Con cualquier cosa. Fútbol. Mujeres. Política. Tu vieja. Los colectiveros tienen menos tema de conversación porque no se da la dinámica. Pero si les das lata, la zarpan. Se creen los dueños de la calle.¿Cómo no voy a tener prioridad, si manejo un vehículo gigante lleno de monos? Ah, pero en esta parada no pinta parar, ya fue, sigo de largo. El bondi está lleno adelante y vacío atrás; minga, aprovecho y no paro más. Y si venís a bardear golpeándome la puerta, preparate para mi obra de teatro "me chupás un huevo y hago de cuenta que no te veo".
Los automovolistas son la pasta base de la calle. El 15% debe llevar en memoria las normas y reglas de conducción e interacción con otros vehículos, transeúntes y peatones. El 10% respeta la norma de "el de la derecha tiene prioridad". El 5% respeta que el peatón siempre tiene prioridad. El 3% se preocupa por no ocupar la senda peatonal en un semáforo en rojo, ya sea desde antes de cruzar el semáforo o después, cuando quedan todos los autos abarrotados pasado el semáforo y ni los peatones de esa esquina ni los autos en sentido perpendicular pueden pasar.
Pero lo peor, para mí que no tengo auto y viajo en transporte público, son los otros viajeros. Generalizo. Hay gente buena, que cede el asiento, que te pregunte si querés sentarte porque vos estabas primero y que protesta y reclama cuando no se le cede a una persona que tiene prioridad. No, detengámonos en los hijos e hijas de puta.
Bondi. La pendeja forra que se sienta en el segundo asiento con la música al taco y las gambas bien abiertas y le chupa un huevo la vieja que acaba de subir, que no se puede ni sostener ni el culo del Parkinson. Y también la vieja imbécil que saca el boleto y se queda en el medio del fucking pasillo, enfrente de la máquina, porque está tan zarpada en chota que piensa que ya no existe. O el pendejo pelotudo que se piensa que por tener anteojos de sol puede pararse en el medio del pasillo, bloqueando incómodamente el acceso al sector del fondo. Los FORROS que no se mueven hacia atrás cuando les hinchás las pelotas para que todos podamos viajar. Las y los pelotudos que se pelean con el conductor por $0,10 en el boleto sabiendo que el flaco tiene razón. La gente de mierda que se pelea por cualquier cosa con el conductor, sin entender que es un tipo laburando en una situación de mucho estrés, con un vehículo enorme y una jaula de fiambres adentro.
Subte y tren. Los FORROS, porque son en su mayoría boludOs, que empujan para entrar al vagón cuando ven que está al taco. Y cuando les bardeás la cabeza para que se tomen un Valium te miran con cara de "y papito, estamos en la Argentina, qué querés". FORROS. A ustedes los odio con una parte especial de mi culo, esa en donde la materia fecal todavía no cambió de intestino y la mierda todavía es una pelota indiscriminada de cumbia. Por no entender que hay gente que estrujan e incomodan terriblemente con sus proezas sardinescas.
Buenos Aires me encanta, pero es una ciudad de mierda. Y lo peor de todo es que manchamos de color marrón a todo el país cuando aparecemos afuera, dándonos la parte en algún hotel cerca de Sorete Beach. Y después nos las tenemos que ver con caer a algún lugar (argentinos en el mundo, o porteños en el interior) y bajar la cabeza y hacer las cosas a conciencia hasta que, quizás con un poco de suerte, la gente se da cuenta que por lo menos no sos una malandra más y tenés un poco de conciencia y corazón.