2012 8 18

Es viernes, es tarde y llueve. Fue un día arduo de trabajo, es una noche molesta y ¡la puta! Te olvidaste algo en la oficina. La paja te sobrelleva el alma y sabés que es un fiasco tener que irte al centro a esta hora y con este clima de mierda. Pero lo aceptás. Limaste y ahora tenés que chuparla y hacer el esfuerzo. Movés tu cuerpo, te mojás, puteás y caminás, caminás, caminás. Llegás. Por fin, llegaste. Llegaste a la puta oficina. Como siempre, la llave no entra en el primer intento. Entrás, subís las escaleras porque no hay ascensor, y cuando estás llegando al segundo piso te empieza a llamar la atención un olor raro. A medida que te acercás a la entrada a tu oficina, el olor se empieza a hacer más fuerte. Caminás por el pasillo y llegás a la vuelta donde doblás para encarar a tu despacho. Cuando doblás, caés en la inexplicable situación: hay un vago, al fondo del pasillo, a oscuras, en culo y en cuclillas. Está posado sobre una maceta de plástico soplado negra, con dos bolsas arremangadas cual tacho de basura. Y está cagando. De ahí venía el olor. Hay un vago cagando en el pasillo de la entrada a tu oficina. En una maceta. Un viernes. A las 12 de la noche. Justo el día que te venís a olvidar algo, volvés y hay un vago cagando en el lugar por donde vas a pasar el lunes para entrar a tu oficina. Un vago. Soretes. yourfacewhen.