Salir a tocar, para mí - 2011 5 23

Hoy fui a La Redonda a tocar un rato; me gusta la avidez que es 'estar' 'así', de esa forma, brindándole algo al momento, al presente y lugar elegido. También me gusta dejar impregnarme de color por las personas (y los personajes) que avecinan la cabecita, con sonrisas, manos o miradas. Hoy, entre otros, se me visitó un tipo en una silla de ruedas, sin una pierna, con una mirada algo perdida. Es tonto para mi mente cínica pensar que lo primero que pensé es “un tipo en una silla de ruedas, sin una pierna”, pero mi realidad pasa primero por mis ojos y eso fue lo que vi acercarse. Él tenía la mirada algo perdida, se acercó, a mi lado, mientras yo tocaba y me miró. Me miró pero sentí que no me estaba mirando, sino que estaba mirándome para ver qué había ‘ahí’. Claro que yo lo estaba mirando, también, y compartimos la mirada. Y lo invité, con la mirada, a que toque él también. Tocó, y por alguna extraña razón, mezcla de inocencia, prejuicio, alegría y dolor, me sentí feliz. Tocó mientras yo seguía tocando, tocamos algo, juntos; una tontada, unos segundos inconclusos y desprolijos, pero fue lindo. Me hizo recordar por qué me gusta tanto salir a tocar.