De la plaza, a la plaza. - 2011 4 16

Ayer, en una ensalada de Miles Davis, birras y maníes, me dio el impulso de salir a tocar. Hacía mucho no salía de noche, y para reverberar –no tan- viejos viejos tiempos, me fui para plaza Armenia. Con el frío las almas empiezan a escasear en la plaza, la gente opta por un lugar más cálido y, por qué no, cómodo. Mi conga ahí no tenía lugar, era como estar tocando para el piso; no había oído ni había ojos, era hasta yo solo, sin la conga. Tras una breve llamada con Mariano, me pareció que lo mejor era ir a plaza Serrano.

Plaza Serrano está bueno pero siempre está lleno de gente. Pero fui, fui, llegué y me puse a pelotudear. No tardó en caer Guillermo, el primer compañero de la noche. Guillermo, que toca la viola como yo toco la conga: “así, fui aprendiendo, tocando de acompañamiento, cantando”. Hacemos algo, está bueno, hacemos más, sale aún mejor. Se copa la denominada ‘mujer que vive en otra dimensión’, una flaca copada, cuyo autoreconocido delay en la comunicación distaba de pensar que estaría fumada y me acercaba más a la idea de ‘otra galaxia’. Toco, toco, a los diez minutos se acercan otras dos mujeres, según recuerdo “Anita” y… la otra chica no me acuerdo, ‘la chica de la boina violeta que se puso a bailar’. Es una alegría que a la gente le guste mi vibra, mi música, mi ritmo, porque mi ritmo –descubro cada día- es una de las partes más esenciales de mi cuerpo. Baila, baila, baila.

La gente se va agrupando; cuando llegué a la plaza, estaba vacía; ahora claramente la gente se agrupa alrededor de nuestro mini-grupo y eso me da satisfacción. Claro, en buena medida por ser el protagonista y recreador, pero la mayor satisfacción es que se dejan inundar con los retumbes. Se va poblando la cosa, llega más gente y se ponen a bailar. Creo que el momento glorioso fue cuando se vino la compañera del chileno (no tengo otra forma de llamarla, nunca nos preguntamos los nombres –ni es necesario-) con su djembé, y… claro, como todos podían imaginarlo, fuimos gestando, de a poco, viajes de trance, hipnotismo y vibración. La conga y el djembé pasaban de mano en mano, hacia los que ‘sabían’ o ‘se animaban’ (¡qué sería todo esto sin las personas que simplemente se animan! Por mi cuenta, no estaría escribiendo esto) y los ritmos brotaban apasionados. Reminiscencias a ritmos tribales, un claro ritmo rapero, un poco de Compay Segundo, Divididos, hip hop y lo mejor de todo, flashear. Entre manos y manos, estuvimos desde la 1.30 hasta las 5.30. Plaza Serrano… volví, y el frío solo va a hacer que cada vez tenga más ganas.