Los dos faros - 2010 7 27

Supongo que hay ciertas reminiscencias de los primeros rastros de aquellos primeros sabores que cierta vez logramos conducir hacia ese pinball gustativo que es nuestra lengua. Ciertas épocas, eternas pero también periódicas, tangenciales, donde uno le agrega alguna rampita por ahí, alguna lucecita por acá, y voilá, uno descubre una nueva manera.
Hace mucho no caminaba. Para mí, caminar es algo así como meditar. Digamos, caminar para mí es una forma de volar; mi cuerpo adquiere un estado de coyuntura con el Mundo que me une de forma indisoluble. Suelo magnetizar mis piernas con el suelo, imprimiendo una gama de zancadas métricas allí donde la esperanza avanza.
Las luces en las noches siempre son salvajes. Una luz en un lugar donde no se ve siempre es sutil.
Los papeles en las noches valen doble. Un papel, o dos, o cuatro, u ocho, o dieciséis. Y si vienen con tresillo, mucho más interesantes. Una calesita galopante de melodías al compás de los dedos.
La mirada es ante todo, una de esas luces. O dos. O cuatro. Y si algo arremete en la oscuridad, es aquella fusión entre las pupilas dilatantes y el instante en donde el espesor de lo negro va abriendo paso a leves tonos grisáceos, que van contorneando sombras cada vez más figurables. Allá está ella. Esta es mi mano. Este es mi ego.
Las cejas, las cejas siempre acompañan. Las cejas son como los carteles de publicidad que ahora tuvieron que sacar de la avenida Cabildo. Son una manera de decir que abajo hay algo. Algo para ver, algo para entrar. Y uno entra a muchas situaciones a través de la mirada. Y la mirada entra a través de muchas situaciones.
Anteayer me miré, me miraron, miré, nos sonreímos y aprendimos a no hablar. El faro da la vuelta con su luz cíclica, orbitando hacia el océano nebuloso y profundo. Del mar, ni hablar.
Supongo que hay ciertas cuestiones que se desembarcan totalmente de la faz del planeta cuando uno puede darse el lujo de respirar el aire. La mirada está en la película de brillo que se forma en la mirada. Allí reside y desde allí ilumina, como un faro, el océano de sombras, las cuevas de las luces.