Las Sombras Duales - 2009 9 13

Leandro González y Victoria Yani.
Parque de los Niños, Viernes 11 de Septiembre de 2009, 11:12hs.

Pocas personas conciben mi concepto de "esperar el colectivo" - 2009 9 5

Ayer estuve aproximadamente una hora esperando al 140, sobre avenida Córdoba, pasando "el puente" (no sé cuál, es "el puente" que pasa uno cuando se toma el 140 que va por avenida Córdoba).

Hacía mucho que no tenía la experiencia de estar "estancado" en un espacio-tiempo de esa manera, a la manera que mi única opción posible, "dable" para "mí", era esperar. O sea, podía haberme tomado otro colectivo (hacia destinos inciertamente conocidos), podría haberme tomado un taxi (pero si ayer a la noche no estuve dispuesto a pagar 40 pesos para entrar en un boliche, probablemente deducirán correctamente que tampoco estoy de acuerdo con tomar un taxi), etcéteras.

Hace un tiempo hablaba con Rayén acerca de la concepción (que al menos yo pude inteligir) que hace Heidegger acerca de la angustia.
Digamos, la pregunta inicial ante el fenómeno de la angustia, en relación al enfoque fenomenológico (que supone la intencionalidad, ante todo), es: Angustia... ¿ante qué?
La situación inicial, fenomenológicamente hablando, sería un escenario con estos parámetros: un Mundo, en el cual vivimos, y el cual vivenciamos a la manera de ser concientes en él a partir de lo sensible que nos provee el aparato conciencia-percepción indisolublemente ligado a la experiencia del cuerpo en lo Real.
Entonces, situación inicial planteada: somos en este Mundo, estamos acá, donde sea que el deíctico lleve en cada lector y lectora particular de esto que escribo. Yo estoy acá, vos estás ahí, allá, que es tu "acá". Estás vivo, estás viva, leyendo esto.

Segunda cuestión, para introducir el fenómeno de la angustia. Dentro de mi ambivalencia afectiva hacia la obra de Lacan, hay una cuestión que utilizé de soporte en la charla con Rayén. Lacan habla de nuestro miedo a la vida, del miedo a estar vivos. Él sostiene que lo que nos apresa en la angustia es la indeterminación de la vida en tanto enigma, misterio intransitable y cuya solución única parece estar trazada en "lo imaginable" acerca de la muerte: la seguridad de morir.
Es decir, Lacan plantea que aquello que nos da soporte para soportar la angustiosa existencia de vivir, es paradójicamente la seguridad que provee el hecho de saber que algún día, toda nuestra vida física-existenciaria va a terminar... que nos vamos a morir.

A colación de esto, un corto videillo de Youtube en donde encontré a Lacan teorizando sobre lo antedicho.



Y ahora, siguiendo con Heidegger, se plantearía esta cuestión análoga al planteo de Lacan. Para Heidegger, el fundamento de la angustia, lo "ante qué" de la angustia, se encuentra en la "posibilidad de vivir", en tanto responsabilidad por la propia vida.
Digamos, una forma de encarar filosóficamente el concepto de existencia, sería decir algo así como: Bueno, no entiendo la vida, no sé exactamente qué es, pero yo estoy vivo y soy totalmente responsable de este cuerpo constituyente y constituido en lo Real. En tanto tomo eso como supuesto básico para mi existencia, tengo que entender que siempre (bueno, no siempre, pero se entiende) tengo al alcance de mi existencia la libertad suficiente para elegir el decurso de mi vida.

Es un planteo muy cercano al fundamento existenciario de Sartre, que no recuerdo textualmente pero dice algo así como que somos totalmente responsables por nuestras vidas, que somos, los actores y las actrices, creadores y creadoras, de nuestras vidas.

Entonces, volviendo... la angustia, ¿ante qué? Ante la posibilidad indeterminada de vida, ante la responsabilidad de ser uno o una quien en mayor o menor medida puede definir los parámetros existenciarios del decurso de la propia existencia.

Recuerdo hace un tiempo salí a caminar "sin plan", digamos, el plan era "caminar"; era Domingo a la tarde-noche, y la avenida Corrientes (a las alturas del centro) no estaba "suficientemente" iluminada. ¿Qué encontraba yo allí? Bueno, aparte de querer encontrar "Fenomenología de la percepción" de Merleau-Ponty (finalmente lo encontré otro día en Plaza Italia), estaba encontrando-me yo "allí". Estaba yo allí, vivo, existiendo, viviendo esa tenue iluminación que fácilmente podía desgarrarme en angustia. Estaba transitando o coqueteando con la posibilidad de una angustia ante mi vida, ante lo indeterminado que resultaba a priori el hecho de salir a caminar por el solo hecho de caminar.

La diferencia con la situación de ayer, en donde yo me encontraba esperando, es que ahí no había demasiado movimiento corporal, más que golpes rítmicos (y obsesivos) con mis pies o mis manos. Primero me escapé de la situación calzándome los auriculares para escuchar a Steve Reich, y luego de alguna manera elegí sacármelos y empezar a observar de lleno el paisaje que integraba y que me estaba llenando en ese momento. Ahí de alguna manera abracé la sensación de "estar ahí", de sentirme en el momento, de estar viviendo el momento. De estar sólo en una parada de colectivo, con muy pocas esperanzas de ser rescatado por el colectivo prontamente. Era estar ahí, esperando, escuchando, viendo la cantidad de colectivos-que-no-eran-el-140 que pasaban frente a mí. Viendo a algunas personas, del otro lado de avenida Córdoba, meando contra las paredes. Camuflándome a voluntad de una persona que dentro de la aventura prejuzgué como un posible ladrón. Existiendo ahí a la manera de "la espera", del acontecimiento glorioso que suponía para mí ver un colectivo rojo acercarse, con la insignia en verde, "140".

Creo que ahí también estaba apresándome la posible angustia. Digo, no me angustié, pero la angustia podía ser en cualquier momento, a la manera de "enojarme", de "impacientarme", de "irme", de cualquier manera. Yo elegí vivir la espera, que el colectivo viniera a suplir mi necesidad. Engañosamente, diez minutos antes que llegase el colectivo, se sumaron a mi espera dos personas más. Pero más allá de contarles que probablemente el colectivo ya estaría por llegar dada mi sostenida espera de una hora (que supuestamente devendría en un entonces, ya tiene que venir algo egocéntrico), todavía tenía ese espacio de sentirme solo ahí, de vivir la espera en soledad de algo tan simple como un colectivo que en aproximadamente treinta minutos, me devolvió finalmente a mi casa.

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Acabo de titular el post; hay pocas personas en mi vida cotidiana que comprenden vivencialmente el concepto de "esperar el colectivo que me lleva a casa" a la manera de quizás tenga que esperar una hora.
En general mis amigos de Belgrano pueden tomarse cuatro o cinco bondis en cualquier lugar, que no tardan más de cinco minutos en llegar. Por tanto, apurarse, demorarse, perder uno, dos o tres no cambia radicalmente la situación.
En mi caso, soy de esas personas que cuando se disponen a retornar a su casa, caminan rápido hacia la parada, ya que "perder el bondi" implica, en los tiempos de tránsito de colectivos que me llevan a mi casa a la madrugada, mínimo una hora de espera hasta el próximo.
Por ello, realmente pocas personas (usualmente las que encuentro en la parada) conciben mi concepto de "esperar el colectivo".