"Lo voy a cuidar... como si fuera tuyo" - 2009 6 24

Esto es una suerte de reflexión sobre un "decir" que siento está bastante naturalizado en nosotros, en nuestra manera de considerar las posesiones ajenas y el tipo de representación que tienen para nosotros.

Situación típica a la que todos nos vimos expuestos alguna vez: una persona nos presta "algo". Nos presta ropa, la computadora, el mp3, la carpa, la mochila.

Hay un frecuente dicho, prometedor y supuestamente esperanzador, que decimos a la persona que nos presta: "Lo voy a cuidar como si fuera mío".

Mi reflexión es: ¿Algo tiene que ser "propio" para representarnos mentalmente un cuidado? ¿Cómo es esto de que para cuidar algo que no es nuestro, tenemos que hacer de cuenta que sí lo es? ¿No hay acaso algún otro registro de cuidado, que no esté distanciado del cuidado que damos a nuestros propios objetos pero sí caracterizado por una genuina atención y cuidado a los objetos de otras personas?

Estas preguntas me ponen cínico, pero sé que estoy hablando una verdad. Si cuando te prestan algo, vos necesitás hacer de cuenta que eso es "tuyo" para poder representarte cuidándolo, quizás en el fondo eso que te prestan sea demasiado para vos.
Para mí, una genuina actitud de cuidado representa justamente reconocer que ese objeto que nos prestan, no es nuestro, le pertenece a otra persona. Persona que confía en nosotros y en la cual nosotros confiamos (por eso le pedimos cosas prestadas). En ese sentido, se abre un tipo de cuidado que cierne sobre el propio cuidado que le da esa persona a su objeto en su vida cotidiana. No para ponernos a juzgar cómo lo cuida o entonces ridículamente tratar de determinar qué tipo de cuidados deberíamos tomar, sino esencialmente para reconocer que es un objeto ajeno a nuestra propiedad. De allí parte el cuidado de lo ajeno, de reconocer que no es propio. No por diferenciarlo del cuidado que uno hace de lo propio, sino para afirmar que justamente, se trata de cuidar algo "de otro".

Entonces, reflexión hecha, a mí cuando me prestan algo, ¿qué digo? "Lo voy a cuidar... como si fuera tuyo". Claramente, si me lo prestaste, ES tuyo. El dicho busca el efecto cómico, y generalmente yo doy una mini-explicación acerca de lo que significa para mí de diferente eso a la actitud típica de "... como si fuera mío." En general las personas entienden y comparten, por más que me miren con ojos de "Chabón no podés más, mirá las cosas que te ponés a meditar". Y es así, no puedo más, no puedo dejar de meditar y creo que está bien, jaja.

¿Y qué es cuidar algo sabiendo que es de otra persona? Y bueno, por lo menos es tratar de mantenerlo y devolverlo en las mismas condiciones en que uno lo recibió. Esa es una pauta inquebrantable y que nunca falló a lo largo de mis experiencias. O al menos, si el objeto sufrió daños, responsabilizarse por los mismos, tratando obviamente de enmendarlos de la mejor manera posible (hasta consultando por las posibilidades de enmendamiento).

Es una lógica de "lo prestado" y una dimensión abierta al campo del "prestar". A mí me gusta prestar cosas, porque comprendo que todos en el Mundo tenemos ciertos objetos que otras personas pueden precisar en determinado tiempo y lugar, y en el fondo también siento que uno no debería ser celoso de sus posesiones y poner excusas para no prestarlas, ya que en última instancia lo material es totalmente finito en esta vida. Claro, si una persona pide y nunca devuelve en las condiciones originales, la confianza declina. Pero como siempre, una actitud de predisposición positiva es siempre un buen comienzo.

Adentro mío - 2009 6 15


Adentro mío, en algúna parte de mí, en algún rincón, en alguna habitación, hay una persona que soy yo, que está dentro de mí, que está sentada así; adentro mío, en mi interior, meditando para adentro suyo, porque adentro suyo, estoy yo, en algún lugar, en algún espacio, en su interior, meditando para mí mismo, en quien yace una parte mía, hecha "mí", que está sentada así, en algún recoveco, por algún ambiente, en algún lugar, a punto de ser meditado.

aMok

Discernimiento en expresar el cuerpo que vive un hoy - 2008 4 12


aMok

Infinituraleza - 2008 2 13

aMok

El mundo es todo lo que hay aquí encerrado: la vida, la muerte, la gente y todo lo demás que nos rodea. El mundo es incomprensible. Jamás lo entenderemos; jamás desentrañaremos sus secre­tos. Por eso, debemos tratarlo como lo que es: un absoluto misterio.

Para el hombre corriente el mundo es extraño porque, cuando no se aburre de él, está enemista­do con él. Para un guerrero, el mundo es extraño porque es estupendo, pavoroso, misterioso, insondable. Un guerrero debe asumir la responsabi­lidad de estar aquí, en este mundo maravilloso, en este tiempo maravilloso.


en "La rueda del tiempo", Carlos Castaneda

Eh... ¿qué le pasa a mis auriculares? - 2009 6 10

Eh... a mí solo se me ponen llorosos los ojos cuando empiezo a hablar de temas espirituales en el sentido de espíritus y fantasmas, cuestiones con las cuales prefiero no lidiar. Nunca jugué ni voy a jugar al juego de la copa, por ejemplo.

Recién estaba chateando y noté algo... que me hizo poner los ojos llorosos. Recién, hace 3 minutos. A mi lado tengo unos auriculares apoyados sobre un estante. El cable de ellos es largo y por lo tanto cuelga del estante. Estoy en un lugar cerrado, o sea que no corre aire de ninguna manera. La cuestión es que el cable... se empezó a mover solo. Se enroscó de distintas maneras, de a poquito. Fue muy raro, ahora mientras escribo no se está moviendo. Pero fue realmente raro, o sea, no estoy flasheando: VI que el cable se estaba moviendo, como que se enroscó en sí mismo. Juro que no estoy flasheando. No sé, tenía que escribirlo, me puso los ojos totalmente llorosos. Ahora no les puedo sacar la vista de encima... aunque por suerte, desde que me puse a escribir no se movieron más.

Una forma personal de cinismo - 2009 6 9

De alguna manera, uno comienza a escribir con una idea en mente. Una idea, situación, experiencia, una figuración, una imaginación. Algo que es posible, o quizás no.

Empiezo escribiendo así: yo me considero una persona cínica. Digo, tengo una cuota activa de cinismo en mi vida cotidiana.

Usualmente el valor de "cínico" es asociado despectivamente a una persona que descree de todo; que nada le basta para dar fe en aquello que se figura en la realidad. Una persona que descree de las acciones, de los pensamientos, de las palabras, de los sentimientos. Tradicionalmente es un valor que se asocia a descreer de la misericordia, de la beneficencia y la caridad. En este punto, si bien asociado despectivamente, "cínico" me hace acordar al escrito sobre formas de conceptualizar una manera radical pero constructiva de ver lo que denominamos "pobreza". Yo lo pongo entre comillas para entender que se trata justamente de una metáfora, de un más allá de lo Real, algo que irreverentemente engloba entre esas comillas un sinfín de definiciones y estereotipaciones de lo que entendemos puede ser la manifestación de "pobreza". Yo creo radicalmente que al quitarle las comillas cometería el acto casi-delictivo de transformar un constructo socio-histórico y englobador en algo estático y "para siempre". Es decir, lo estaría naturalizando... justamente de lo que hablo en ese escrito: de naturalizar distintas visiones o posiciones paradigmáticas frente a determinados conceptos socio-históricos. Ah claro, porque eso que se denomina "pobreza", obviamente encubre necesariamente cuatro aspectos: un espacio determinado en un tiempo determinado con una población determinada con recursos determinados. Es imposible pensar un constructo como "pobreza" por fuera de los parámetros de distribución de recursos de un espacio social, de un contexto poblacional. Lo que acá y ahora entendemos por "pobreza" no es lo mismo que se entendía hace 50 años, y menos que menos si nos trasladamos a otro país, o a otro continente.

Entonces, volviendo a la dirección de la idea tras la cual comenzé a escribir: el cinismo. El cinismo como forma o intento de radicalizar la mirada, quizás sea otra opción a esa visión despectiva que suele tenerse de él.
En mi entendimiento, no se trata de "descreer de todo". Más bien, se trata de intentar comprender algo en sus más abarcativas convergencias.

Antes exponía que el cinismo puede ser entendido frente a pensamientos, palabras, acciones. Yo creo que en realidad, como posición de base, obviamente nadie tiene la Verdad (y me refiero a "una", una sola, no digo que no existan Verdades, justamente es lo que afirmo con mi negación). Uno existe a la manera de sus pensamientos, sus acciones, sus ideales, sus sentimientos, sus emociones, sus palabras, lo que dice, lo que lo mueve, lo que hace, lo que siente.

Todos tenemos maneras particulares, paradigmas de decir-hacer-sentir-pensar. Todos tenemos determinadas Verdades acerca de cómo existir en el Mundo y eso me parece radicalmente respetable, porque para mí, filosóficamente hablando tiene que ver con el "punto de vista del conocimiento" que tiene cada persona desde su realidad y con sus abarcaciones.

Para mí, la postura que cierne al auténtico cinismo y aquel en el cual creo, y aquel que practico, reside en algo peculiar. No exactamente en la naturaleza de las palabras, las acciones, los sentimientos y los pensamientos, sino en su relación armónica y congruente.

Ejemplificando de alguna manera: Si yo me considero un cínico, yo me pienso como cínico, yo siento cínicamente, actúo cínicamente y hablo como un cínico. De alguna manera, el cinismo sería en mí un valor de base a ser proyectado en el Mundo de forma integral, integrada, asociada, estructurada en mi Personalidad.

Obviamente yo estoy tomando como base que todos podemos decir, sentir, pensar y hacer. No es este el caso de todos, pero me estoy refiriendo a cuatro verbos que para mí actúan como pilares genéricos en las capacidades generales de una población. Las personas comunmente sienten cosas, piensan cosas, hacen cosas y dicen cosas. La idea de mi forma de ver el cinismo, es ver qué relación hay entre estas cosas que sienten, piensan, hacen y dicen. Ver qué grado de armonía o desarmonía (hipocresía) hay entre ellas.

Entonces, el punto en donde se enaltece el cinismo es allí donde encuentra que una forma de la persona, por ejemplo, un "decir", algo que se transmite en forma de palabra, encuentra, en la misma persona, un opuesto (o contra-sentido) en el "hacer". Dicho de otra forma, una hipocresía: se dice lo que no se hace. (Si revirtiera la frase, quedaría plasmada una idea de Freud: "lo que no se dice, se hace")

Hace un rato leía en Wikipedia algunas cuestiones antiguas sobre el cinismo. Yo no comparto esencialmente todas, pero estas anécdotas de Diógenes el Sinope me divirtieron mucho:

- Cuando Diógenes llegó a Atenas, quiso ser discípulo de Antístenes, pero este no quiso. Ante su insistencia, Antístenes le amenazó con su cayado, pero Diógenes le dijo: “no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir”.
- Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabia hacer, y él contestó: “mandar, comprueba si alguien quiere comprar un amo”
- Una vez le preguntaron por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: “Porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos ”
- Cuando le invitaron a una lujosa mansión le advirtieron de no escupir al suelo, acto seguido escupió al dueño, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio.
- En un banquete, algunos, para reírse de él le pusieron unos huesos, como un perro. Él, acto seguido, orino encima, como un perro.

En la anécdota de los pobres y filósofos de alguna manera se puede ilustrar otro tipo de naturalización, que para mí tiene estrecha relación con el escrito mío que mencionaba antes. Esta idea que plasmaba en ese escrito de "Darle un poco de lo mucho que tengo, a este que no tiene nada y para quien este poco representa mucho". Obviamente, no me voy a cansar de remarcar: no es una posición de desprecio a la ayuda que se da a las personas que pasan hambre o no tienen recursos suficientes para vivir en nuestra Sociedad, sino más bien una posición distinta la que pretendo plantear.

Si justamente lo que estoy diciendo, este decir, tiene que ver con la armonía entre el decir-sentir-pensar-hacer, quizás podríamos llegar a otro tipo de respuesta en relación a cómo nos planteamos que se puede revertir de alguna manera el desarrollo de lo que conceptualmente denominamos "pobreza".
Para mí, ir a darle plata a los "pobres" no es una solución radical, ese es mi punto. El "ir a darle plata" que suena tan asqueroso -y por qué no, políticamente asqueroso- es lo mismo que hacer nada para que su situación siga siendo la misma. Es naturalizar una idea de "pobreza", que ante todo en ese ejemplo está siendo sacralizada en que "pobreza" es falta de dinero. Sí, obvio, pobreza es en buena medida falta de dinero, pero eso no es todo, eso no es lo único, y tampoco quiere decir que entonces "dando dinero" se soluciona eso que llamamos "pobreza".

La plata se gasta y se desea o precisa nuevamente. Salvo que estuviésemos dando plata contínuamente y esas personas dependiesen económicamente de nosotros (postura que tampoco me parecería ética o justa), no se resolvería ad-infinitum una situación de "pobreza".

Por lo tanto, en definitiva, en este caso de la pobreza, aplicar el cinismo tiene que ver con ir hasta las últimas consecuencias a las cuales podemos proyectar se dirigen nuestras acciones, sentimientos, pensamientos, palabras, relacionados entre sí. Hasta dónde van conjuntamente y de qué manera relacionadas. Ponerse a reflexionar, de alguna manera, sobre la naturaleza integral de nuestras personas, de esos ideales por los cuales nos esforzamos con nuestros Cuerpos.