"El Otro no existe" - 2009 4 2

Se me ocurrió titular así esta reflexión que tengo condensada (y pretendo descondensar en unos párrafos) hace muchísimo tiempo. Para los que leyeron alguna vez las reflexiones de Jacques Lacan sobre la mujer, van a entender que mi cita (que es mía y la acabo de inventar) es una burla a dicha frase en particular, pero más hacia lo que pretendo poner en tela de juicio en general.

Para empezar, una cita de una película que me encanta, Waking Life:


Cuanto más hablamos acerca de una persona como una construcción social o como una confluencia de fuerzas, o como un ser fragmentado o marginado, lo que hacemos es abrir todo un mundo de excusas. Y cuando Sartre habla sobre la responsabilidad, no está hablando acerca de algo abstracto. No está hablando acerca del self o alma que proponen los teólogos. Está hablando de algo muy concreto. Está hablando acerca de nosotros, hablando, tomando decisiones, performando acciones y asumiendo las consecuencias.”


Este párrafo para mí le pone peso a una cuestión esencial en lo que refiere a la vida actual. Según siento en sintonía con lo dicho, vivir no se trata de estar sujetado. Vivir no es Sujeto, si bien el Sujeto es parte del Vivir. Vivir, la vida, lo esencial de la misma, no se trata de ser Sujeto.


El Lunes pasado, Susana Santos –quien fue mi profesora de Teoría y Técnica de Grupos- me invitó a una charla a cargo de la jefa de la otra cátedra de la materia en Psicología: Ana María Fernández. La tenía muy comentada, como cuando uno nunca llegó a leer algo puntual de un autor pero le hablaron tanto que uno se imagina cómo es su ideología y cómo se pone a pensar sobre el Mundo.


Disfruté mucho la charla, fue algo así como realzar y poner en evidencia una serie de dimensiones y comprensiones que deberíamos llevar en mente a la hora de pensar sobre lo que se entiende por “grupos” hoy en día.


Algo que me pareció totalmente chistoso e irónico, fue que la charla fue abierta, inaugurada por una colega de Ana María Fernández que claramente tiene una orientación psicoanalítica lacaniana. Comenzó a hablar del “deseo de estar ahí, en ese lugar”, del “deseo de ser parte”. Cada vez que veo que alguien se escuda tanto en términos viciados, alzo bien la oreja para escuchar mejor. Creo que hay determinados conceptos en Psicología que o bien están malinterpretados de su obra original o bien fueron fundados bajo una lógica histórica que ahora es obsoleta. Uno de esos conceptos es para mí el concepto de “Otro” de Jacques Lacan.


Pero no tengo muchos preámbulos para introducir el tema. Se me ocurrió para dar una idea de lo que Lacan entiende por “Otro” simplemente citar a Wikipedia, creo que pudo brindarme una idea transmisible acerca de lo que Lacan entiende por “Otro”:

“En Lacan el Otro es al mismo tiempo el prójimo (cada otro sujeto por separado) y todo el conjunto de sujetos que constituyen a la cultura y la sociedad desde el origen de la humanidad.

(…)

El Otro en cuanto conjunto de sujetos que constituyen a la cultura y a la sociedad es calificado por Lacan de Tesoro de los significantes, es decir, es de tal entidad que cada sujeto por separado recibe el lenguaje; por esto se entiende la frase lacaniana El sujeto es hablado por el Otro y su variación el sujeto es pensado por el Otro. Desde el Otro es que el sujeto posee un lenguaje y es desde el Otro que el sujeto piensa (en esto hace Lacan una modificación al cogito cartesiano, al cogito ergo sum -pienso ergo existo-: nadie piensa inicialmente desde su ego o desde su sí mismo, sino que lo hace a partir de lo que recibe por tradición desde el Otro).”

(fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Otro)

Vale aclarar algo. Yo creo entender plenamente qué significado tuvo la concepción de “Otro” para Lacan, estoy de acuerdo con dicho significado y me parece una dimensión aceptable para hablar de la constitución del psiquismo y de cómo el Sujeto se las arregla en Sociedad.


Ahora bien, creo que es un término que en determinada medida es alienante.


Creo que es alienante del Sujeto pero más aún, creo que es alienante del concepto de “persona”.


Referirnos al “Otro” para englobar a la cultura con sus integrantes me parece demasiado frío y arrogante, si bien realista. Es decir, creo que es una postura que muchas veces tenemos (cuando caminamos apurados por la calle, podría aducirse que no existen las “personas” sino que son meros “objetos a esquivar”) pero me parece que es una postura muy vaga para pensar en lo que es vivir en Sociedad hoy en día. Más allá de todo el caos y las problemáticas de violencia y delincuencia, me refiero a pensarse esencialmente en Sociedad.


Y lo que creo, lo que siento y lo que opino, es que en Sociedad no existe el Otro.


Ahora recuerdo una frase de Fernando Peña: “No existe el otro cuando pensás en el otro”.


Creo que es así pero se me ocurre tergiversar la cita: “No existe el Otro cuando pensás en las personas”.


Creo que pensar el Mundo o la Sociedad en personas más que en una entidad cartesiana abstracta es una visión más realista, por un lado de las semejanzas y diferencias esenciales pero a su vez del sentimiento de ser parte de

una especie, de formar colectivos, agrupamientos, de vivir en grupo.


Hay algo que decanta de lo que voy diciendo: uno nunca está solo, enfrentado con la inmensidad de Mundo.


Uno nunca está suficientemente separado de eso que se entiende como “Otro”. Uno, desde el momento en que vive en el Mundo, está en su coexistencia. Uno no puede salirse del Mundo en el que vive y uno no puede dejar de vivir en relación a personas. A las personas que constituyen su Mundo, a las amigas, los amigos, los novios, las novias, los padres, los hermanos, las hermanas, la familia, el chofer del colectivo, el portero del edificio, la profesora de esa materia que no te gusta, la niña que vende stickers en el subte… uno no puede desentenderse de todo eso.


Uno no puede cometer la arrogancia de creer ingenuamente que en existencia, todo eso es “Otro”. O mejor dicho: hacer eso es cometer un crimen contra la identidad de las personas y la identidad particular de la Cultura.

El Otro existe pero cartesianamente. Es como hablar de un cubo en geometría euclidiana. El cubo existe como figura abstracta y se ve proyectado en toda la serie de “cubos” que nunca son “EL” cubo sino representaciones de él.


Pero las personas no somos cubos, ni formamos parte de la geometría euclidiana.


Las personas representamos por nosotros mismas, más allá de las representaciones divinas o espirituales con las cuales estemos en sintonía. Vivir en Sociedad es vivir con las personas, con sus facetas, con sus emociones, con sus pensamientos, con lo que quieren, con sus ganas, con sus miedos, y la lista sigue infinitamente.


Cuando el otro día esta colega de Fernández abría la charla, yo pensaba: “¿no sería más simple y efectivo hablar de ‘ganas’ en lugar de ‘deseo’? ¿Es que acaso el estatuto del deseo es tanto más profundo que las ganas? Y sí, es cierto: el estatuto del deseo es mucho más profundo que las simples ganas. Y es cierto que hay algo del deseo que se moviliza para que alguien vaya a escuchar una charla. ¿Pero es necesario remontarnos todo el tiempo, en cada momento, a ese deseo originario? ¿No es más humano llevar la existencia hacia las personas?


Yo fui a escuchar hablar a Ana María Fernández movilizado por mi deseo. Pero la fui a escuchar por muchísimas cosas más, mucho más complejas y esenciales que mi profundo “deseo”.


Y creo que ese es el mismo sentimiento que trato de describir cuando hablo de pasar de pensar “el Otro” a “las personas”.


Primero de todo porque damos vuelta un poco la tortilla con el tema del género de los artículos que usamos para conceptulizar algo.


“El” Otro, ¿por qué “él”? ¿Por qué todavía no se inventó una categoría de género que incluya masculino y femenino sin reducirse a simple lectura al género masculino?


Por qué hay que pensar en “El” Otro? ¿Y “La” Otro? ¿“La Otra”? No, claro, “la otra” es la amante. El objeto. Así llego a este punto en donde creo se comprende en parte, si bien creo entender la conceptualización lacaniana sobre la mujer, mi burla hacia “La mujer no existe”.


¿Quién es la mujer? La mujer son personas mujeres, son mujeres. No hay “la” mujer, por más que comparta en parte la idea del psicoanálisis freudiano de que “la” mujer es cada una de nuestras madres, jaja.


No existe un “la”, existe un “las”. No existe una creación mítica y cartesiana que eleve a ningún ser humano hacia una concepión ideal, o por lo menos no existen concepciones ideales y cartesianas que sean meramente seres humanos.


Creo que, habiendo escrito “Cuerpo y Mundo” hace unos meses, mi frase puede ir en la dirección de: “El Otro no existe en Mundo”.


Mundo, que es para mí la dimensión que nos arroja a la existencia, nos lleva a espacios y tiempos donde somos personas.


El mismo Sartre, reflexionando sobre “el otro” pasó de entender que “el infierno es la mirada de los otros” a entender una visión más humana y plena de lo que es el sentido de las personas.


Pensarnos en una relación con “lo Otro” es pensarnos desde el principio disociados de la Realidad (o si la quiero complicar aún más, de “lo Real”). Pensarnos en relación con los sucesos, con las personas y sus motivaciones, sus ganas y deseos inconcientes, sus emociones, sus formas de expresarse… creo que es un punto de partida mucho más esencial y encarnado en el Mundo.


Bueno, me fui bastante creo. Y no la quiero hacer más larga, si bien puedo seguir y seguir y complejizarla más.

Para cerrar, algunas reflexiones a partir de la obra de Maurice Merleau-Ponty, filósofo francés.


“Volver a las cosas mismas, es volver a este mundo anterior al conocimiento y del que el conocimiento habla siempre, y frente al cual toda determinación científica es abstracta, significativa y dependiente, como la geografía con relación al paisaje en que hemos aprendido por vez primera qué es una selva, una pradera o un río.”


“En tanto que yo soy conciencia, es decir, en tanto que algo tiene sentido para mí, yo no estoy ni aquí, ni allá, ni soy Pedro, ni Pablo, no me distingo en nada de "otra" conciencia, puesto que somos todos presencias inmediatas al mundo y este mundo es, por definición, único, siendo el sistema de las verdades. Un idealismo trascendental consecuente despoja al mundo de su opacidad y su trascendencia. El mundo es aquello idéntico que nos representamos, no como hombres o como sujetos empíricos, sino en tanto somos todos una única luz y participamos en lo uno sin dividirlo. El análisis reflexivo ignora el problema del otro, así como el problema del mundo, porque hace aparecer en mí, con el primer fulgor de la conciencia, el poder de ir a una verdad universal de derecho, y el otro, carente también de ecceidad, sin lugar y sin cuerpo, hace que el otro y el ego sean uno y el mismo en el mundo verdadero, lazo de los espíritus. No hay dificultad en comprender cómo yo puedo pensar al otro, puesto que yo y, en consecuencia, el otro no están apresados en el tejido de los fenómenos y valen más bien que existen. Nada hay oculto detrás de esos rostros o de esos gestos, ningún paisaje es inaccesible para mí, sino sólo un poco de sombra que no está ahí, sino por la luz.”


(fuente: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/1552647/Fenomenolog%C3%ADa-de-la-percepci%C3%B3n-(Merleau-Ponty).html)