
Quizás vuelvo una y otra vez sobre veintitantas letras que solo llegan a algunas miradas fugaces, con suerte a ojos atentos
¿Qué es lo que hace que después de años de vivir el lenguaje en el cuerpo ahora opte por silenciar el silencio?
Y plagiar estas letras que no son mías ni de alguien.
Plagiarlas porque alguna vez ya las escribí.
Ahora hay algo nuevo.
Yo ya las conozco.
Ellas nunca me conocieron.
Quizás tratar de exponerlas a mi vivir sea una forma de reconciliarme con ellas.
“Vengan, abrázenme.”
La A es vida. Nacimiento, origen. Primera vocal. Juega con objetivos. Cuando sea que sea, allí está su cima nevada de voluntad. Llegar al punto máximo es volver a empezar.
La B me recuerda a la gran paradoja de estar vivo. Una ‘v’ de ‘vivo’ debería formar una de las panzitas de la B. Quizás sea la de arriba, mientras que la otra ‘v’ prefiera el subsuelo de la vida. Como sea, hay una raya que separa a ambas. Una raya que la parte al medio, diferenciándolas para ser diferenciadas.
La C me recuerda a un arco de tensión. Juntando fuerza para lanzarme al “algo”, por su precisión.
La D es como una C. Pero hay un problema. El recorrido de la C es para adelante. El recorrido de la D es para atrás y… allí está. Una barrera. Una muralla. Quizás la D intenta reconducir el lenguaje a su origen. Y ella misma se ahorra tal trabajo, por lo cual todas las palabras con D estarían rebotando en un cuarto totalmente cerrado, separadas del resto del lenguaje.
La E es pura inercia. Son esos actos que alguna vez se tornaron hábitos. E, E, E. Pura locomoción sin pensar.
La F pareciera la inercia de pensar. Allá arriba está todo controlado y con metas constructivas. Me llama la atención lo poco cuidada que anda por los basamentos. Bien podría ser un pensar descuidado, o el hábito de pensar.
La G es la típica masoquista del grupo. Allí donde aparece, intenta auto-afligirse. Siempre en el medio de todo quilombo, no pierde oportunidad para candidatearse a la lástima.
La H es sabiduría. Muda, centrada pero no centralizada. Sabe lo que quiere y podrá usar sus brazos y sus piernas para conseguirlo. Habla pero prefiere pasar inadvertida en la oración, ya que su fuerte es el hacer y el sentir. En esos momentos donde sentimos que no sentimos algo (cuando sentimos nada), probablemente haya alguna H por ahí dando vueltas, entrometiéndose en el comienzo de algún sentimiento que quiere ser palabra.
La I es un fusible. Una carabina. Se achica cuando dispara. La bala sale para arriba y nos recuerda a esos consejos maternos: “Ojo en Navidad. Hay muchos locos sueltos que tiran tiros al aire. Te puede caer uno en la cabeza”. Un fusible le tiene miedo a todo.
La J me hace pensar en celeste. Un color que nunca entendí.
La K es la apertura al mundo. Toma el impulso de la E pero se desdobla en sí misma para mostrarse e inmiscuirse en donde parezca un buen espacio. “¿Dónde estás? Estoy acá.” “Vení para acá.” K.
La L. Nunca fui bueno para resolver reglas de tres compuestas. La L patea al arco. Se juega el todo por el todo. A veces mete gol, a veces desperdicia jugadas. L sabe que probar es lo mejor.
La M es propensa a dejar al hombre abajo. Prefiere hacerse cargo de algunas cuestiones que benefician su seguridad.
M es grande y aunque gire contra las agujas del reloj… todos la queremos. ¡Grande, M!
La N es a la L lo opuesto de lo que la F es a la E. La N bien podría convivir con H. NH. HN. Se ve lindo. Podrían formar una linda pareja. Tiene el privilegio de comandar una de las palabras que mejor definen a la gente: “No.”
¿Debería reclutar una Ñ? Muchos dirán que algún día la N fue mujer y la Ñ hombre. Esas personas sólo se fijan en lo superficial de la gente, ya que bien podrían ser ambas un hombre. ¡O una mujer! Creo que Ñ conlleva el problema existencial del género humano. ¿Vos qué sos? ¿Pero qué te sentís?
Ñ. Un travesti.
Todos saben que la O puede ser la vida y la muerte. Un eterno resplandor que llega siempre al mismo lugar. Abotonado en su comodidad no deja espacio para morder.
La P. Una F llevada al límite.
La Q. Una O que quiere tener contacto con las demás letras. Por ello generalmente va acompañada de la U.
La R. Una K paradójica, confundible con una B. Algunas de sus convicciones tienen el carácter de fuertes e incorregibles. Por otros momentos se presenta flexible y dinámica. Para mí que es un motor que puede presentar signos de ciclotimia. Brrrroooooooooom broom brrroooooooooooom
La S. ¡Veneno! Letra multi-uso si las hay. Designa plurales. Designa personas. Da rodeos para llegar a lo que quiere y llega, a otro lugar. Experiencia.
La T. La T es un pobre tipo que no tuvo mejor idea que morir ahorcado.
La U. Recipiente. Una O abierta a ideas. Creativa. Respuesta de su propio estímulo. “Uh!”. Sorpresa.
La V. Pareciera ser la sucesora de la U. Habría que investigar mejor el origen de tal inflexión en sus territorios más embarrados.
La W. No tiene mucha aplicación en nuestra lengua. Parece que se quizieron hacer los vivos y dijeron “Y claro, si hay una V entonces tenemos que hacer la segunda película”. Pero los críticos los avasallaron. Siempre hay algún tonto que empieza con que “Igual me gustó más la primera.”
X. ¡Otra que la H!. Dinámica, poco usada pero si aparece, es imposible no verla. Una de las islas de capacidades que el hombre explora poco en sí mismo.
La Y. Una V que se ajustó los pantalones con un cinturón.
Y finalmente, la Z. Una S invertida y rígida. La Z es el final. La Z es el camino hacia atrás. Muerte.
Ahora entiendo a las letras. Ellas siguen sin entenderme, pero en cada palabra que escriba, podrán inmiscuir estos significados ocultos.Así, cada palabra se conformará de su significado semántico, elegido por el autor. Pero también habrá un significado oculto cifrado en la composición de cada una de ellas, significado que será leído gestálticamente.
“ADIÓS”. El impulso me lleva a tratar de volver (D) hacia el seno materno (A). Me defiendo contra este mutilándolo (I), mientras empequeñezco y me ausento del mundo (O). Quize lograr un objetivo pero llegué a otro(S). “Adiós, me fui del mundo.”
¿Tiene Sentido, no?
aMok
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Notas: Tuve épocas en donde de alguna manera, me nacía escribir. Empezé a escribir cuando estaba en tercer año de la secundaria. "Organisimios" fue mi primer escrito, una crítica radical al funcionamiento de la Sociedad, a la función de la Religión en el pueblo. Estuve dos años, dos años y medio escribiendo y luego por causas que no hacen a esta nota, perdí casi todo. La perspectiva de mi vida me fue alejando del escribir hasta enemistarme con "mí mismo" escribiendo. Dejé de querer escribir, flexionar, "decir", para figurarme en el "hacer". Empezé a ver que algo faltaba en mi vida, y era llevar lo "dicho", lo escrito a la acción. Así dejé de escribir por unos años. Terminé la secundaria, empezé la carrera de Psicología y cursando el tercer año, la materia Psicopatología, de alguna manera esto nació de mí.
Probablemente se estén preguntando quién es el señor de la foto. Es Emil Kraepelin, no voy a andar biografiándolo: fue el psiquiatra alemán que más investigó y más aportó al estudio de lo que él conoció como Paranoia, Parafrenia y Demencia Precoz.
Disfruté muchísimo estudiando la nosografía kraepeliniana. Es muy perfecta y armónica, con todo lo que ella implica. De alguna manera empezé a verme en algo: todos los estudiantes de Psicología (o casi todos, pero shhh.. ¡todos!) tenemos la necesidad de identificarnos en algún punto con lo que estudiamos. Es una forma de decir "Ah sí, yo soy un poquito de eso."
Bueno, yo me identifiqué mucho con la Parafrenia, que es una patología compuesta por la Paranoia y la Demencia Precoz (actualmente denominada Esquizofrenia).
En la Paranoia, la mente se va más allá. Es "más allá de la mente", lo cual da lugar a la metáfora de "las voces que se escuchan". Es sacar a la mente a pasear y devolverle un mundo que se cree impropio. La particularidad es que hay construcciones lógicas, hay un mundo que se construye día a día a través del "más allá de la mente", de las pistas, de lo que se empieza a percibir, de lo que se empieza a sospechar. Todo encaja de una manera sutil y sigilosa. Todo un mundo se arma detrás de una pequeña pista.
En la Esquizofrenia, la mente está totalmente disgregada. Los pensamientos son un total caos, es una total asistematización del orden del pensar (y muchas otras cosas). Es una arbitrariedad (que no es arbitraria, pero profundizar en esto sería entrar en la Psicopatología del Psicoanálisis; hoy no, gracias).
La Parafrenia es "más allá de la conexiones de pensamientos". Es una combinación catastrófica y caótica pero ingeniosa y fantástica, delirante al extremo más ilógico pero concatenado. Es absolutamente trillado, es el chifle del moño oficial.
La Parafrenia es algo así como una persona que alucina y arma un mundo perfectamente caótico de sus alucinaciones. Es una combinación mortal, es como mezclar nafta y pólvora y darles fuego.
...Bueno, yo me identifiqué con eso.
Así nació esta creación totalmente disociada de la Realidad, totalmente fantástica y surreal, totalmente delirante y totalmente lógica. Es un estudio gestáltico del abecedario. Fue sentarme y "ver" las letras, verlas en un sentido transfigurativo. Fue verles las formas, lo que me sugerían, lo que se me ocurría.
Era agarrar las letras en mi mente y jugar a que fueran lo primero que se me ocurría tras su forma. Por eso, un análisis gestáltico del abecedario (gestalt: "forma", en alemán, oh curiosamente nacionalidad de don Emil).
Reconocerme en ese terreno fue identificarme a la parafrenia, fue reconciliarme con el abecedario y el mundo de las letras y los significados. Fue aceptar nuevamente que yo podía y sabía escribir "algo", lo que fuese, que me daba permiso para volver a darme letra. Fue aceptar que tenía mucha locura por desplegar, que lo mejor que puede hacer uno con su locura, con su delirio, con lo que ve y no está, con todo eso... es hacerlo arte y mostrárselo al mundo.
Así que yo le muestro al mundo, que agarro las cosas de lo Real (el abecedario naturalizado del lenguaje alfabético), lo proceso a través de mi Imaginario (mi creatividad, mi fantasía) y lo llevo muchísimo más allá de lo Simbólico (de lo culturalmente establecido, en este caso a través de la Lingüística).
Agarro las letras, las desgarro, las desarmo, las rearmo, las juego y las vuelvo a armar. Les pongo nombre, las ridiculizo, me ridiculizo escribiéndome en ellas... y así hago esto que representa mi arte. Estos momentos en donde las flexiones dementes se van más allá del mundo, donde la mujer está girando a más no poder en el sentido de las agujas del reloj y donde despertar la percepción y la conciencia tiene una profundidad y un eco galácticos.
Me reconozco en este terreno siempre es y será la culminación de las flexiones en el sentido de los despertares.
Leandro
2009 1 25



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