Yo no puedo dejar de reflexionar sobre todo. No puedo evitar querer impregnarme de todas las posibilidades de cualquier situación posible. No puedo evitar imaginarme todos los mundos y todas las vidas.
Cuando hablo con alguien acerca de algo, no puedo dejar de impregnarme con todos los "algo" posibles. Cuando doy opciones, doy todas las opciones. Hasta las que no me parecen, hasta las que me parecen absurdas, hasta las que no me parecen opciones. No puedo. Simplemente no puedo dejar de querer transmitir todo al mismo tiempo, abarcando absolutamente todo. No puedo dejar de querer reflejarme en todo, de desintegrarme en la multiplicidad de ese "todo" que somos todos. No puedo dejar de moverme en el todo, porque el todo se me mueve lo quiera yo o no. Lo decida yo o no. No puedo dejar de sentir querer hacer algo por ese todo. Algo que se sumerja en el todo, algo que sea el todo o un todo reflejado en algo. No puedo, por ejemplo, dejar de querer transmitir mis ideales y mis valores en cualquier cosa. En lo que escribo, en mis acciones, en mis pensaciones, en mis sensamientos. No puedo dejar de querer ser todo al mismo tiempo, paradójico y perfectamente ingenuo.
Yo no puedo con todo, lo sé. Nadie puede con todo. Pero tampoco puedo dejar de querer poder con todo. Yo quiero poder con todo y en ese punto me vuelvo ridículo, paradójico, enroscado, complejo. Así es el todo. De nuevo: todo, somos todos. Y el todo es inabarcable. Porque uno es el todo, al mismo tiempo que no lo es. Y solo todos, somos el todo; siendo todo, y todos.
aMok



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